"Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido..."
|
lunes, junio 20, 2005 Tonterías - En realidad no morirás. Volverás a formar parte del cosmos, justo como antes de ser concebido. Tu energía se mantendrá viva, y se transformará sin parar durante toda la eternidad. Además, aunque no creas en todos estos rollos metafísicos, está demostrado que este método es indoloro. Una inyección y en pocos segundos dormirás como un bebé sin enterarte de nada. No te preocupes, lo hemos hecho con muchos otros convictos y todos murieron con una expresión de felicidad envidiable. No te pongas nervioso, te aseguro que no notarás nada. Un pinchacito y se acabó el culebrón ¿Verdad? El preso asintió secándose el sudor de la frente. Estaba muy asustado desde la sentencia. La angustia que le provocaba el miedo a la muerte no le dejaba dormir por las noches. Él era inocente, pero también era el único que lo sabía; así que tuvo que autoconvencerse de que era culpable para que el proceso, ya irrebatible, le resultara menos doloroso. Se había resignado consólandose en la idea de que aun podía cultivar su mente y viajar a través de sus pensamientos mediante los libros que le llevaban a su celda durante aquellos ocho meses. Pero el último grano de arena había caido reloj abajo, y su tiempo se había esfumado como si en realidad nunca lo hubiera tenido. Tenía la confianza en llegar a la sala de ejecuciones con una madurez intelectual que le hicera superar el miedo a morir. Esperaba estar por encima de todo aquello, teniendo la fortaleza mental que suele otorgar la sabiduría... Tonterías. Estaba completamente aterrado. A falta de quince segundos para la inyección letal, amordazado en la camilla y con una capucha negra que le cubría el rostro, se encomendó a cualquier entidad superior que existiera con tal de no sentir dolor antes de su muerte. La aguja se introdujo en su piel, y notó que una sustancia fría invadía las venas y arterias de su brazo izquierdo. Por unos instantes pensó que se desvanecía, sonrió levemente dando gracias a quien fuese por inventar un método de ejecución que solo producía placidez y somnolencia. Pensó que, en cierta forma, era afortunado por tener un final como aquel, sin agonía ni dolor físico... Tonterías. Justo cuando creía empezar a perder el conocimento, se dio cuenta de que aun seguía vivo. Su corazón no latía y ni uno solo de sus músculos reaccionaba a los impulsos. Ni si quiera podía volver a abrir los ojos, o cambiar aquella estúpida sonrisa complacida por un gesto de terror absoluto, que reflejara sus verdaderos sentimientos. Tenía sensibilidad en todas las partes de su cuerpo. Notaba el traqueteo de la camilla siendo transportado al depósito de cadáveres. Oía a los celadores comentando el partido de fútbol de la noche anterior mientras empujaban su camilla. Sufrió durante horas el terrible frío que hacía en la cámara de conservación. Tenía un sabor amargo en la boca, que ni si quiera podía paliar tragando saliva o moviendo la lengua. No era capaz de realizar ni un sólo movimiento, pese a estar consciente y mantener la sensibilidad en todo su cuerpo. Intentó quedarse dormido. Cualquier cosa le servía con tal de no ser consciente de aquella tortura, pero le resultó imposible. Estuvo a punto de conseguirlo una cuantas veces, pero el ruido de los contínuos vaivenes de los trabajadores del centro penitenciario no le permitían conciliar el sueño ni por unos minutos. De repente se percató de que alguien abría la puerta de su departamento en la cámara frigorífica y le volvían a colocar sobre una camilla con ruedas. Notó como le conducían por un largo pasillo muy iluminado y empezó a percibir cierto aroma a carne quemada. Organizando las sensaciones que iba teniendo durante el pequeño viaje, dedujo que le habían llevado directamente a la sala de cremaciones. El pánico volvió a invadirle. No quería morir abrasado. Debía resultar dolorosísimo, y más en aquel estado de parálisis en el que ni si quiera podía liberar sus gritos o golpearse contra las paredes para caer inconsciente. Le subieron en una cinta transportadora cuyo motor producía un sonido ensordecedor. Intentó ignorarlo y se concenctró con todas sus fuerzas en quedarse dormido en los pocos segundos que le quedaban antes de caer en las brasas de aquel horno. Pensó en la imagen de su novia, asesinada por algún desconocido que se había encargado de culparle a él. Imaginó que pronto volvería a verla, que volverían a estar juntos como si nada hubiera ocurrido. Parecía que ese método estaba funcionando, empezaba a notar de nuevo aquel desvanecimiento que precede al sueño profundo, tranquilo y en paz con el resto del mundo... Tonterías. PIN-HEAD @ 01:53 -+-+- | -+-+-+-+- |
La magnitud de mi tragedia