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    "Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido..."
     

     

    martes, enero 11, 2005

    De la sublimación de la belleza y otras ironías

    La chica de larga melena rojiza le miró insinuante desde el agua y le pidió que se acercara con un sutil gesto. Él no podía creerlo, toda su vida rechazado por las mujeres y ahora, de repente, una auténtica diosa desnuda, una mujer diez, le guiñaba el ojo con sensualidad. Se quitó el bañador con precipitación y arrancó a correr hacia la orilla. El agua estaba muy fría, pero no importaba, esas oportunidades sólo se presentan una vez en la vida y había que aprovecharlo. Siguió caminando hasta donde el mar le cubría el pecho y, tras un suave impulso, comenzó a nadar mar adentro.

    Al fin llegó donde estaba la chica y tuvo que pararse unos segundos, a pocos centímetros de su rostro, para contemplar su extrema belleza. Era perfecta. Una muñeca de porcelana de mirada inocente y labios carnosos y sugerentes. Poco a poco se fundieron en un profundo beso que parecía eterno. Pero no lo fue. Las cosas buenas siempre duran poco y las sirenas son muy impacientes con sus presas masculinas.

    Horas más tarde un guardacostas encontró su cadáver. Había perdido la mandíbula inferior, los ojos, y parte de la piel facial. Tenía mordiscos por todo el cuerpo, el abdomen abierto, y le faltaban el pene y todos los dedos de pies y manos. Curiosamente, los que encontraron y custodiaron el cuerpo hasta el depósito, coincidieron en una afirmación: en la masa desfigurada y sanguinolenta que era su cara se podía distinguir, aún, una plácida expresión de felicidad y satisfacción.

    PIN-HEAD @ 23:03 -+-+- |

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    La magnitud de mi tragedia