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    "Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido..."
     

     

    jueves, diciembre 09, 2004

    Ya te vale, chaval

    Si lo llego a saber, no te hago ni caso. Acudí con toda mi amabilidad y predisposición a tu llamada, sin ni si quiera preguntarte qué querías exactamente. Imaginé que intentabas arreglar tu ordenador o montar algún nuevo aparato electrónico y necesitabas que te ayudara, pero me equivoqué.

    Al aparcar el coche frente a tu casa me extrañó que las luces estuvieran apagadas. Te habías dejado la puerta abierta de par en par, así que decidí entrar pronunciando tu nombre, esperando que salieras de la cocina secándote las manos con un trapo como tantas otras veces. Pero no. Allí no contestaba nadie, y todas las luces y electrodomésticos estaban apagados. Sólo llamó mi atención un ténue rayo de luz que parecía proceder del baño. Anduve despacio, un poco asustado y a la expectativa, hacia la puerta del servicio. La abrí sigilosamente y allí estabas. Desnudo, sentado en la bañera llena de agua rojiza, con los ojos en blanco y la cabeza inclinada hacia atrás. Vi que te habías cortado las venas, en vertical, porque sabías que de esa forma era prácticamente imposible detener la hemorragia. Era algo que habíamos comentado en conversaciones banales sobre la muerte y las formas de suicidarse, de modo que se me escapó una sonrisa cómplice. Segundos después, dos policías entraron en la casa y me detuvieron sin ni si quiera dejarme hablar.

    El juicio en el que me culparon de tu muerte fue muy rápido. Me declaré inocente, pero nadie me creyó. Me sentenciaron a diecisiete años de prisión incondicional por homicidio premeditado. Por ahora he cumplido sólo tres semanas, pero creo que no llegaré vivo a la cuarta. El negarme a ceder mi ano como pasatiempo sexual a mi fornido compañero de celda, me va a costar la vida. Pero por lo menos mi culo seguirá intacto ¿verdad? El caso es que te escribo esta carta porque, aunque sepa que no la vas a recibir nunca, servirá para que alguien sepa realmente lo que pasó. Supongo que la muerte me dará un poco más de credibilidad. O eso espero.

    Un saludo,
    Manuel

    PD: Lo de escribir mi nombre y apellidos con sangre en los azulejos del baño me pareció un detalle francamente feo.

    PIN-HEAD @ 17:53 -+-+- |

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    La magnitud de mi tragedia