"Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido..."
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sábado, diciembre 18, 2004 De la sinceridad absoluta y otras utopías Tuve que dejarla. Estaba harto de su extrema frialdad y falta de escrúpulos. No me animó tras la muerte de mi madre. No se acordó de nuestro aniversario ni de mi cumpleaños. No me presentó a su familia ni amigos. Nunca se atrevió a hablarme del futuro, de sus proyectos de vida. ¿Qué tipo de novia era esa? Era una belleza. Pelo largo y negro, figura esbelta, piel blanca y suave, pero su pasividad me ponía enfermo. Nuestras conversaciones eran prácticamente un monólogo por mi parte, y cualquier relación sexual implicaba un ambiente de rutina que aburriría a una piedra. Todos esos detalles pude soportarlos unos meses. Me consolaba pensando que el tiempo cambiaría su actitud, que sería menos distante y me otorgaría más confianza. Estaba dispuesto a ganármela a pulso por todos los medios posibles, pero hubo algo que colmó mi paciencia. Había oido rumores al respecto pero nunca llegué a tomármelos en serio, hasta que una tarde de marzo encontré entre nuestros documentos importantes una pequeña hoja de papel que lo aclaró todo. Esa hoja fue la que me impulsó a recoger mis cosas y marcharme, dolido y engañado. Era un papel blanco en el que aparecía mecanografiado su nombre y apellidos, con una cruz negra al lado izquierdo y un pequeño texto en letra pequeña debajo. La muy zorra nunca me dijo que estaba muerta, tuve que enterarme por una esquela. PIN-HEAD @ 16:50 -+-+- | -+-+-+-+- |
La magnitud de mi tragedia